James Dean words...

"Dream as if you'll live forever, live as if you'll die today"

lunes, 29 de junio de 2009

Una urgencia animal

¿Qué es el sexo?

Sólo cuatro letras, una sola palabra que consigue mover el mundo. Hace que todo gire y nuestras vidas sigan su curso. Una sola y simple palabra que denomina a un torrente de sentimientos e instintos encontrados. La forma de expresión más antigua del mundo. Para muchos, algo especial y sagrado; para otros, un mero entretenimiento. Diferentes formas de verlo y practicarlo dependiendo de la persona pero, lo que está claro es que, es el todo, la base de la existencia humana y animal.

Se puede teorizar sobre el sexo. Se puede hablar abiertamente sobre él o considerarlo un tema tabú. Se dan opiniones y se expresan gustos. Se da mil vueltas al tema sin llegar a ningún punto determinado. Cada uno puede pensar lo que desee a cerca de estas cuatro letras pero aquí se desarrolla una teoría que intenta simplificar la complejidad de esta palabra, desde el punto de vista de una inexperta veinteañera que necesita explicarse a sí misma el porqué de sus actos.

El sexo comprende tres niveles. Cada uno más complejo, intenso y difícil de conseguir. A su vez, cada uno de ellos comprende al anterior. El nivel más básico, el que más nos une al resto de animales, es el instinto animal y el deseo de saciarlo. Se puede comprender, así, la unión de dos cuerpos como un deporte desarrollado para la consecución de ese instinto primigenio: la reproducción. Claro está que ya no se puede considerar la reproducción en el sentido estricto de la palabra. ¿Quién echa un polvo pensando en tener descendencia? No es lo más normal. Digamos que, de alguna forma, se ha desarrollado tanto este deporte que su fin ya no es el que se concibió. Más bien se ha transformado en ejercitar el cuerpo hasta quedar exhausto, consiguiendo ese extraño placer que te invade tras horas de deporte sin control. Un placer que vaga entre el agotamiento y el nirvana. Para ser más claros, en este primer nivel, se concibe el sexo como un ejercicio que proporciona - si es que el chico sabe lo que hace – un gratificante orgasmo. En el peor de los casos, siempre nos consolaremos pensando en las maravillosas calorías que habremos quemado y el dinero que nos podremos ahorrar en gimnasio.

El segundo nivel va un poco más allá. Concibe el sexo como un deporte, pero no como una maratón (como podría describirse en el primer nivel) sino más bien como una danza. Podemos describirlo como un arte escénica: una danza cargada de sentimientos – entre los que no hace falta que esté el amor - en la que dos cuerpos consiguen sincronizarse, bailando a la par, realizando los movimientos complementarios al otro. Se muestra un desarrollo del simple deporte, llegando a convertirse en una necesidad de mostrar la belleza del mundo. No debemos abandonar la idea de que el sexo es bello y que toma dos cuerpos como forma de expresión de esa belleza que invade al mundo y que, muchas veces, somos incapaces de percibir. Cada beso, cada caricia, cada postura… asemejan los movimientos de una compañía de danza. Dependiendo de la intensidad, de la pasión, de la fogosidad… nos encontraremos ante un espectáculo de ballet, de danza contemporánea, de fusión, de bailes tribales… Cada paso, cada gemido, cada penetración, cada respiración, cada cambio de velocidad e intensidad, cada orgasmo… cada elemento representará un baile. Un baile que se expresará en la forma de arte más antigua del mundo: el sexo.

Por último nos encontramos ante el tercer nivel. Un nivel que requiere sentimientos encontrados para llevarse a cabo. Entre estos sentimientos, la clave se encontrará en el amor. Siempre unido, claro está, a la pasión y el deseo sexual. Así el sexo podrá tomarse como una forma de comunicación, como el medio de comunicación por excelencia. Se trata de una vía que comunica dos cuerpos unidos por un vínculo que se encuentra por encima de cualquier animal, incluidos nosotros. Alcanzamos el tercer nivel cuando el sexo ya no se trata de un mero deporte o una delicada arte. Lo alcanzamos cuando hablamos de dos cuerpos que se hacen uno, dos almas que consiguen confundirse entre ellas. El sexo se convierte, entonces, en la forma más sencilla y clara de comunicación entre dos seres, dos cuerpos, dos almas, que comparten un sentimiento y unos deseos comunes. Es la forma más antigua de expresarse. Y, a la par, la más pura e inocente, pues dos almas se hablan sin pudor, sin la posibilidad de llegar a malentendidos, con una inocencia infantil y una urgencia animal, con palabras mudas que suenan claras y firmes a los oídos de los amantes. Un arte, dicho de otro modo, llevado a un extremo insospechado.

Todas nos encontraremos, en algún punto de nuestra vida, en todos y cada uno de estos niveles en los que se puede considerar el sexo. Decisión de cada una es conformarnos con el primero, conseguir el segundo o luchar por el tercero.