"A veces era tan cariñoso que me conmovía; otras, rebosaba mala intención. Poseía un espíritu noble, no exento de vulgaridad. Mientras avanzaba a paso ligero guiando a los demás, su corazón se debatía en soledad en el fondo de un sombrío cenagal. Desde el principio, percibí estas contradicciones con toda claridad sin entender por qué la gente no las veía. Aquel chico vivía llevando a cuestas su particular infierno".Todos, con sus más y con sus menos, reunimos las características que este fragmento dice que ese chico reune. Los opuestos, el bien y el mal, lo femenino y lo masculino, el yin y el yang, se unen en un sólo ser, en una sola alma. Nos debatimos en nuestra propia soledad buscando a alguien que nos escuche y nos acompañe. No nos damos cuenta de que, aún encontrando a ese alguien, siempre andaremos solos el camino que la vida nos depara. Las contradicciones se acumulan en nuestro ser, luchan por averiguar cual es la más fuerte y cual saldrá a flote. Se vuelven un torbellino y estalla una guerra en nuestra alma. Nuestro propio infierno está servido...

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