Hace poco más de una semana me encontraba a un océano de distancia de mi nueva vida. Iba al trabajo, vivía con mi familia, veía a mis amigos a todas horas, hablaba con ellos... Ahora, más de ocho horas de viaje y once días después, todo ha cambiado. El nuevo mundo que Cristobal Colón descubriera siglos atrás se halla a mis pies. Hace una semana estaba asustada. Tenía miedo a no encajar, a no entenderme, a estar fuera de lugar... Ahora, poco a poco, voy descubriendo que no estoy sola. Que hay gente a mi alrededor que se preocupa por mí, que me tiene en cuenta a la hora de hacer planes... En poco más de una semana nos hemos ido conociendo y hemos conseguido ser una piña inseparable.
Todo es complicado. A veces nos cansamos. A veces no sabemos como expresarnos. Pero siempre hay alguien que nos da la mano y ayuda a que la caída sea menos dura y, cómo no, que el levantarse sea agradable. Absolutamente todo es nuevo: el idioma, la comida, las costumbres, la gente, los amigos... pero siempre hay alguien con una sonrisa que te endulza el camino. Todo es tan subrealista que te sientes como en una película. Una película americana... todo es igual que en ellas. Lo que los Europeos creemos ficción va a resultar que es el mero reflejo de la realidad.

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