No importa el país. No importa el continente. No importa el idioma. No importa el color de piel, de ojos o de pelo. Ni la ciudad, ni la cultura, ni la raza. Nada importa, pues al fin y al cabo, los hombres son hombres en todo el globo terráqueo.
Espera un segundo. ¿Se puede definir a los veintiañeros de hoy en día como hombres? Tal vez haya que redifinir la palabra hombre usada aquí. La definición que da la RAE de la palabra hombre es "varón que ha llegado a la edad adulta". La pregunta es pues, ¿han llegado a la edad adulta los veinteañeros de hoy en día? Resulta dificultoso decir que sí... aunque hay alguna que otra excepción.
Volviendo al tema pues. Da igual donde estés, los varones que se encuentran entre los 18 y los 30 años siempre, SIEMPRE, siempre van a jugar con las mujeres lindas que se encuentren a su alcance. Llegan, prometen la luna, te besan, te dicen lo hermosa que eres. Te invitan a una copa y a otra, y a otra, y a otra... Cuando creen que cederás a todo, dejan de ser caballeros y se convierten en críos inmaduros que solo quieres una noche de diversión para, a la mañana siguiente, dejarte sola y volver con su novia - que no es hermosa, ni divertida, ni besa bien, ni sabe como moverse en la cama-. Pero aún así, vuelven con ella y a tí te dejan plantada.
¿Pero qué ocurre cuando no caes en su trampa? Juegas, te sientes especial en sus brazos. Le besas y le haces sentir que es tu hombre. Dejas que piense que te tiene en el bolsillo, pero no cedes. Simplemente le dices que quieres volver sola a casa porque "eso de ser la otra no es lo mío". Entonces se enfadan y se van. Desaparecen sin más, no sin antes decir que eres una calienta o una zorra.
Al día siguiente sus amigos te miran con desaprovación. Pero, cómo no, él sigue siendo estupendo. Tú, que no cediste y decidiste, muy a pesar tuyo, dormir sola y pasar frío esa noche, te convierte en una trouble maker. Toda la culpa es tuya, a pesar de que en ningún momento empezaste. Es más, intentaste frenarlo. Pero los sentimientos, después del primer beso y el primer día, se hicieron irrefrenables y ante sus ojos eres incapaz de decirle que no sin sufrir un gran dolor.
Y tú, que fuiste un juguete, te quedas sola porque él decide continuar su vida mediocre e insatisfactoria con su novia, en vez de irse contigo a vivir una historia salvaje y verdadera, divertida y, posiblemente, maravillosa pero corta. Decide quedarse con lo malo conocido antes que con lo bueno por conocer.
Pero c'est la vie. Y la historia se repetirá indefinidas veces, o no. Y puede que el Príncipe Azul te encuentre un día y así dejes de ser un juguete. Porque a veces no es sencillo ni bueno ser hermosa y simpática. Y mucho menos es bueno ser sincera e impulsiva. Sinceramente, en ocasiones sería más sencillo no ser bonita, no guiarse por los sentimientos, no actúar sin pensar... y ser simplemente otra más del montón, a la que solo miran una vez de cada cien.
Espera un segundo. ¿Se puede definir a los veintiañeros de hoy en día como hombres? Tal vez haya que redifinir la palabra hombre usada aquí. La definición que da la RAE de la palabra hombre es "varón que ha llegado a la edad adulta". La pregunta es pues, ¿han llegado a la edad adulta los veinteañeros de hoy en día? Resulta dificultoso decir que sí... aunque hay alguna que otra excepción.
Volviendo al tema pues. Da igual donde estés, los varones que se encuentran entre los 18 y los 30 años siempre, SIEMPRE, siempre van a jugar con las mujeres lindas que se encuentren a su alcance. Llegan, prometen la luna, te besan, te dicen lo hermosa que eres. Te invitan a una copa y a otra, y a otra, y a otra... Cuando creen que cederás a todo, dejan de ser caballeros y se convierten en críos inmaduros que solo quieres una noche de diversión para, a la mañana siguiente, dejarte sola y volver con su novia - que no es hermosa, ni divertida, ni besa bien, ni sabe como moverse en la cama-. Pero aún así, vuelven con ella y a tí te dejan plantada.
¿Pero qué ocurre cuando no caes en su trampa? Juegas, te sientes especial en sus brazos. Le besas y le haces sentir que es tu hombre. Dejas que piense que te tiene en el bolsillo, pero no cedes. Simplemente le dices que quieres volver sola a casa porque "eso de ser la otra no es lo mío". Entonces se enfadan y se van. Desaparecen sin más, no sin antes decir que eres una calienta o una zorra.
Al día siguiente sus amigos te miran con desaprovación. Pero, cómo no, él sigue siendo estupendo. Tú, que no cediste y decidiste, muy a pesar tuyo, dormir sola y pasar frío esa noche, te convierte en una trouble maker. Toda la culpa es tuya, a pesar de que en ningún momento empezaste. Es más, intentaste frenarlo. Pero los sentimientos, después del primer beso y el primer día, se hicieron irrefrenables y ante sus ojos eres incapaz de decirle que no sin sufrir un gran dolor.
Y tú, que fuiste un juguete, te quedas sola porque él decide continuar su vida mediocre e insatisfactoria con su novia, en vez de irse contigo a vivir una historia salvaje y verdadera, divertida y, posiblemente, maravillosa pero corta. Decide quedarse con lo malo conocido antes que con lo bueno por conocer.
Pero c'est la vie. Y la historia se repetirá indefinidas veces, o no. Y puede que el Príncipe Azul te encuentre un día y así dejes de ser un juguete. Porque a veces no es sencillo ni bueno ser hermosa y simpática. Y mucho menos es bueno ser sincera e impulsiva. Sinceramente, en ocasiones sería más sencillo no ser bonita, no guiarse por los sentimientos, no actúar sin pensar... y ser simplemente otra más del montón, a la que solo miran una vez de cada cien.

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